[Artículo] Las empresas petrolíferas empiezan a invertir en ‘big data’

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El número de plataformas petrolíferas activas en Estados Unidos siguió bajando durante el mes de mayo mientras los bajos precios empujaron a las empresas del sector a cerrar temporalmente algunos de sus centros de operaciones. El recuento total de estas plataformas ha caído de 1.536 a 646 desde mayo de 2014 según la empresa de análisis energética Platts – lo que supone una caída del 58%.

Los bajos precios del petróleo y el número de plataformas que caen en picado han provocado una avalancha de titulares que proclaman que la revolución del petróleo de esquisto bituminoso, que a principios de este año elevó la producción estadounidense del crudo a casi 10 millones de barriles al día, está llegando a su fin. Sin embargo, a los pesimistas se les pasa por alto una tendencia clave: la bajada de precios está impulsando innovaciones sin precedentes en los campos petrolíferos, aumentando la producción por pozo y reduciendo drásticamente los costes.

Esto es lo que ha permitido que, aunque el número de plataformas haya caído, se haya podido mantener, o incluso aumentar, la producción total. En Eagle Ford, una importante formación de esquisto al sur de Tejas (EEUU), la producción del mes de abril aumentó un 22% comparado con la producción del mismo mes del año anterior, según Platts.

De hecho, algunos observadores esperan una segunda oleada de innovación tecnológica en la producción de crudo que iguale, o supere, la primera , que se basó en técnicas de perforación dirigida horizontal y la fracturación hidráulica. Alentado por rápidos avances en big data, esta nueva oleada promete abrir paso a un segundo renacimiento estadounidense del petróleo: “Esquisto 2.0 “, según un informe de mayo 2015 de Mark Mills, un miembro de Manhattan Institute (EEUU), un think-tank de mercados libres.

Gran parte de las innovaciones tecnológicas para el esquisto surgen de un hecho sencillo: la práctica hace al maestro. La obtención de hidrocarburos de formaciones geológicamente complejas implica la perfora ción de un gran número de pozos – mucho mayor que en los campos petrolíferos tradicionales. La perforación de miles de pozos desde el comienzo de la revolución del esquisto en 2006 ha permitido a los productores – siendo muchos de ellos relativamente pequeños y ágiles – que apliquen las lecciones aprendidas a un ritmo mucho más rápido que sus homólogos de la industria tradicional del petróleo.

Este “aprendizaje de interacciones repetidas” como lo describe el director de Análisis de la agencia de investigaciones energéticas IHS, Judson Jacobs, incluye el cambio a “plataformas petrolíferas móviles” que se pueden desplazar de una ubicación a otra,permitiendo así la explotación simultánea de múltiples pozos. Los avances en las brocas de perforación; en la mezcla de agua, sal y los productos químicos que se emplean para realizar la fractura de las formaciones de esquisto; y en el control remoto, y en tiempo real, de los equipos de perforación y producción dan lugar a una mayor eficacia.

Al mismo tiempo, los productores han aprendido cuándo hacer una pausa: más de la mitad de los costes de pozos de petróleo de esquisto bituminoso son generados en la fase de la fracturación, cuando se bombean fluídos presurizados bajo tierra para así partir la piedra. Esta parte del proceso se conoce como la terminación de pozos, y cientos de ellos en Estados Unidos están listos para terminar a la espera de una subida del precio del crudo que haga más rentable su explotación. En las últimas semanas, varios ejecutivos de empresas petrolíferas han llegado a comentar que una vez se reestablezcan los precios en torno a los 65 dólares por barril (unos 58,45 euros) – el  1 de junio se situaba en 64.92 dólares, lo que equivale 58,34 euros –  se desatará otra oleada de producción.

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Esto podría ayudar a EEUU a reemplazar a Arabia Saudí como el swing producer del petróleo (este término representa al proveedor principal, que controla las mayores reservas de un producto y ejerce la principal influencia sobre los precios de mercado), capaz de adaptaciones rápidas del nivel de producción en respuesta a las variaciones del precio. Sin embargo, la revolución que realmente se divisa ya en el horizonte no trata de los equipos de perforación ni en las prácticas: se centrará en big data.

Gracias a nuevas capacidades sensoriales, el volumen de datos producidos por una operación vanguardista de perforación es inmenso – hasta un megabyte por cada pie perforado, según el informe “Esquisto 2.0” de Mills, o entre uno y 15 terabytes por pozo, en función de la longitud de las tuberías subterráneas. Este aluvión de datos puede emplearse para optimizar la ubicación de la broca de perforación, mejorar el mapa subterráneo, aumentar la producción total y las eficiencias del transporte – y para predecir dónde se encuentra la próxima formación prometedora para la explotación. Muchas empresas petrolíferas ya invierten tanto en tecnología de la información y analítica como en las labores de exploración y producción a la antigua.

Al mismo tiempo, una afluencia de start-ups de datos petrolíferos, como AyataFracKnowledge, y Blade Energy Partners, ofrecen servicios analíticos del siglo XXI a las petrolíferas, que no son conocidos precisamente por la rápida innovación basada en datos. Esfuerzos tempranos de traer la analítica moderna de datos a la industria petrolífera flaquearon, según Jacobs: “Las petrolíferas intentaron contratar a un montón de expertos en datos y formarles para convertirlos en ingenieros petrolíferos. Eso no salió demasiado bien. El enfoque actual es el de contratar ingenieros petrolíferos y emparejarlos con los expertos técnicos que pueden suministrar la potencia analítica, e intentar casar estos dos grupos entre sí”.

Por ejemplo la petrolífera BP, radicada en Reino Unido, estableció “una red analítica de toma de decisiones” en 2012 que ahora da trabajo a más de 200 personas que “investigan maneras de hacer avanzar el uso de datos y así ayudar a los negocios de BP a aprovechar estas oportunidades”.

Si las iniciativas como esta resultasen exitosas, el big data podría no sólo alargar el auge del esquisto en EEUU, sino provocar una revolución similar en el extranjero también. Aplicar las lecciones aprendidas del país a los campos petrolíferos de baja producción en otras regiones podría desatascar hasta 140.000 millones de barriles de crudo en países como China, Irán, Rusia y México, según un informe del IHS publicado el mes pasado.

Fuente original: MIT Techonology Review

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